Oct 05 2008
DIA SÈPTIM: MOURZUGA
I d’Ouarzazate, clar està, cap al desert.
Actualment multitud d’empreses gestionen tours de tres dies. Solen ser furgonetes d’unes 6 persones que fan una primera nit en la vall del Dodra i la segona ja en el mateix desert. Transport, guia, menjar i allotjament per menys de 100 euros.
El que més i el que menys, tot el món ja té una imatge del desert. Des de les fotos en els llibres escolars fins a Indiana Jones, quan el viatger contemporani s’apropa al desert ja sap què va a veure i cerca, generalment, reproduir les fotos de les dunes que ja tots hem vist centenars de vegades però, això sí, amb totes les comoditats del Primer Món.
Aquesta és la línia a explotar comercialmente sobretot encarant-la a el “turisme verd”.
D’Ouarzazate a Morzuga, última referència abans d’assaltar les dunes encara queda un llarg camí i el paisatge mostra tres cares: una plana pedregosa i seca, una cadena montañosa paisajísticamente espectacular i els famosos oasis.
Una vegada més, el capità Olid ja descrivia perfectament aquest paisatge pla o de montanya…
“… y de allí a poco entramos en el erial y también el camino de la sed y del espanto. Y este que tan lindos nombres merece es un yermo más dilatado que la mar océana, una extensión pedregosa unas veces llana y otras veces llena de montañas y cerros donde no se crían árboles ni plantas ni verde alguno sino algunas matillas y escaramujos de espinas. Y no hay viviente fuera de algunas sabandijas que no necesitan del agua. Y éstas son lagartos y víboras y escorpiones y unas pocas hienas y algunos perros montunos que siempre muestran los dientes, como lobos en febrero, y esta suerte de bichos, todos dañinos. Y no hay agua más que en unos pocos pozos a muchos días de camino el uno del otro y éstos son hondos a maravilla y muy celados y dan agua salobre y dura y caliente…”
… i també els oasis:
“… pasamos un palmeral largo, el lugar más pintado y deleitoso de mundo, corrido por una fuente de agua clara y fría, donde había muchos moros encaramados a los flexibles troncos de las palmeras, como si llegaran al cielo, buscando dátiles de los que nos ofrecieron algunos en cestillos de paja y los cominos con leche de camella, a la usanza del país, y estaban muy jugosos y bien traídos con la leche de las camellas que es menos dulce que al de burra con que en Castilla nos criamos…”



