Primera Maky & Andy (7)
by Eduardo Larrinaga F.Es la mente de ojos dorados- Le dije a mi hermano que tambien vagaba perdido como yo- Pense que era la de mi padre, pero el jamás ha matado a inocentes.
Mi hermano, aliviado al escuchar mi voz respondio- Entoces todos aqui son inocentes?-
- No todos, pero la gran mayoria lo son- Me detuve un instante, revelar la verdad a mi hermano era más terrible que el escucharla de aquellas voces, pero tenia que hacerlo, ellos me obligaban a eso- Las voces nos conocen, ellos son nuestros antepasados, Ojos dorados fue su ejecutor-
Mi hermano permanecio en silencio, pero pude sentir el caos en sus emociones, sus pensamientos se enlazaron a los mios.
Si hermanito, somos los siguientes-
Todo se oscurecio en un instante, las voces ahora eran solo un eco que se perdia como una pesadilla instantes despues de despertar, sentia la calidez del mi hermano abrazando mi cuerpo, abri los ojos y me encotre con el esmeralda de los suyos, primero a mi y luego observo algo sobre nosotros, apreto su cuerpo con fuerza al mio, senti cada emocion desencadenada en su mente, su cuerpo paralizado me impedia moverme, pero eso no era necesario, el sentir sus emociones era una puerta, y asi como el entraba en mi, yo entraba en el, sus ojos se volvieron mis ojos, y su mente se volvio la mia.
Sobre nosotros nos obsevaba ojos dorados, sus fauces pendian por encima de nuestras cabezas, su aliento como un infierno arremolinaba el aire alrededor nuestro.
Nos uniremos a las voces hermana- Andy me acaricio con sus palabras.
Si, pero no tengas miedo, estaremos juntos- Llore en su mente esa frase.
Ojos dorados se balanceo hacia atras, abrio las fauces con lentitud, pero en lugar de mostrar los brillantes colmillos, lo que salio de su hocio fue una masa sanguinolenta e inerte, pudimos distinguir de inmediato que era la lengua, le siguio un torrente de sangre ahogando un alarido antes de caer al suelo. Ojos dorados fue derrotado.
Nos levantamos despacio, sin quitar la vista de la cabeza del dragón, temiamos que en cualquier momento se levantase, pero en lugar de eso, vimos abrirse sus escamas debajo del cuello, como si se rasgase una tela emergio empapado de sangre mi padre. Estaba agotado, malherido pero sonriente.
Paz– eso decian las voces, ahora que su verdugo habia perecido ellos finalemente podian descansar.
Mi madre llego a nosotros tambien, mi padre nos abrazo a todos nosotros olvidando sus heridas, estabamos tan alegres que no vimos la gran cola arrastrarse y rodearnos.
Ojos dorados vivia, y con su ultimo aliento mordio el extremo de su cola, al hacerlo todo su cuerpo se iluminointensamente, disolviendonos en la brillantes absoluta.
Mi padre nos solto, al igual que mi madre, Andy y yo permanecimos fuertemente abrazados temiendo lo peor, nuestro padre nos hablo.
Hijos mios, mis pequeños dragones - su voz sonaba tranquilizadora, grave pero sin las emociones desvordadas continuo despues de tomar aire- Ustedes deben de cuidarse uno al otro, de crecer y porteger todo lo bello de la vida, y sobretodo- mi padre callo, pero un instante despues fue la voz de mi madre quien completo la frase.
-Vivir, hacerlo con intensidad, con rectitud y sin ningun temor- la blancura parecio reprimirse alrededor de nosotros, pudimos ver a nuestros padres alrededor de nosotros tomados firmemente de las manos.
Padre continuo, cada palabra parecia ser mas dificil de articular que la anterior, toda su fuerza parecia salir de el y concentrarse alrededor de mi hermano y yo. - Los enviare lejos, ni yo mismo se donde llegaran, pero es lo ultimo que puedo hacer como su padre, enviarlos a donde este mal no pueda atraparlos-
La vida misma de nuestros padres, su alma pura nos envolvia a nosotros como una burbuja, a travez de sus paredes translucidad los vimos por ultima vez, se oscurecio el mundo para nosotros, sentiamos ingravidez, pero a su vez nuestra alma parecia ser presa de un peso exorbitante, dormimos en aquel vacio. Dormimos mucho tiempo.
Un murmullo me regreso de aquel sueño, aun habia oscuridad, pero era solamente la noche, en el cielo despejado podia ver el tintineo de cientos de estrellas, blancas, azules y rojas. Busque el resplandor de la luna, pero no habia ninguno. Me llevo unos segundos para entender. No habia ninguna luna, porque no estabamos ya en casa, no la habia porque no era necesario que el astro se mostrara en este lugar. Ya no eran las montañas, solo un inmenso mar, la inmensidad del horizonte y su murmullo.