Primera Maky & Andy (5)
by Eduardo Larrinaga F.Una luz intensa nos envolvio, como cristal de mil colores lo cubria todo, protegiendonos de la oscuridad que emanaba de ojos dorados, el mismo aullaba de dolor, se balanceaba herido por la luz cegadora, trataba con desesperacion alejarse de la luz, pero esta parecia enfocarse en el con cada paso que daba, trató de impulsarse en un gran salto,pero la luz se concentro e intensifico en su pecho, el montruo cayo al suelo, revolcandose, gruñendo terriblemente, furioso mascullaba imporperios incompresibles hacia la fuente de aquella energia, mi madre que durante todo este tiempo parecia tensa y con miedo, ahora se relajaba permitiendose soltar un suspiro de alivio al ver a mi padre descendiendo lentamente hacia nosotros, concentrando aun el rayo luminoso en la punta de sus dedos. Mi madre nos libero de su abrazo protector, mi hemrano y yo nos incorporamos observando bien a nuestro padre, estaba herido, tenia varios cortes en todo su cuerpo, algunos tan profundos que aun sangraban, sus ropas estaban oscurecidas por el fuego, estaba exhautso y aun asi contenia en el rayo de luz a ojos dorados.
Mi madre se acerco a él, sosteniendolo antes de que se desplomase, mi hermano y yo temerosos de lo que veiamos permanecimos juntos, abrazados sin movernos.
Ojos dorados desaparecio en la niebla, mi padre exausto y herido se derrumbo en los brazos de mi madre, permanecimos en silencio, al limite del llanto, escuchando el ronco jadeo de mi padre. Mi madre haciendo acopio de todas sus fuerzas levanto a mi padre, él, recuperandose lentamente logro permanecer de pie, al vernos nos sonrio como si quisiera decirnos que todo estará bien.
Mi padre de inmediato se conviertio en una mancha borrosa frente a nuestros ojos, una inmensa sombra apareció sobre él devorandolo en su oscuridad, mi madre rodó esquivando en el último momento aquello que atrapo a mi padre.
Brillos multicolores sobresalian de la niebla, llegaba a nosotros un bramido que no sabria distingir si era de furia o de dolor, pero mi piel se erizó al identificar la voz de mi padre como la autora de estos sonidos. El aire se agitaba con furia, como si una mano gigante estuviese disipando la niebla, aparecio frente a nosotros un gigantesco que se agitaba con violencia, despidiendo miles de destellos de sus escamas, su forma era la de una gran serpiente blanca, sus fauces con colmillos tan grandes como yo misma, blandian el aire una y otra vez, de la comisura de su hocico manaba un liquido azulado, espeso y caliente, que al caer cerca de nosotros pude percatarme que era sangre. Sangre de dragón.