La maquina devoradora (9)
by Eduardo Larrinaga F.Todo el bosque quedo en silencio, la gran maquinaria se habia detenido, encerrada en el hielo ya no representaba ninguna amenza, podia por fin tener un respiro, descanzar un poco para poder destruirla, me equivoque.
El hielo se resquebrajo con una explosion, el rayo de energia lo partio como si fuese una hoja, dejando unicamente una cortina de denso vapor. El coloso nuevamente se movia, avanzaba arrastrando consigo la blancura que lo envolvia, retrocedi esperando un ataque,donde mi unica opcion era correr, mi reserva de mana aun no se recargaba, y sobre todo se me habian acabado las ideas de como enfrentarme a este enemigo.
Me interne en el bosque, esperando que los arboles me pudiesen ocultar y darme tiempo de preparar una nueva estrategia, la maquina se acercaba lentamente y siempre en la direccion correcta, destrozando todo aquello bajo sus pies, la neblina era arrastrada poco a poco por el viento, se movia, era cierto, pero tambien parecia mas lenta, el metal en algunas zonas aparecia fisurado, y la roca que cubira la parte externa era aun hielo solido.
Cortando mi palma, dejé que la sangre fluyera lentamente, concentrandome en que la herida no se curara en un instante, necesitaba preparar una nueva trampa, y el unico medio para marcar el hechizo era mediante mi propia sangre, usando una tecnica prohibida y olvidada hace mucho.
Deteniendome unicamente para marcar los puntos necesarios para el hechizo, me aleje un poco de la maquina, esta me seguia no lo dudaba, pero no con la furia de antes, complete el hechizo, ahora solo habia que atraerlo a mi, colocarlo en el punto preciso, la neblina se habia disipado por completo, la triada de ojos se movia inspeccionando el area, por un instante crei que habia desifrado la trampa, de repente la maquina giro sobre si misma dandome la espalda, su avanze lento retomaba el camino de destruccion, regresaba a la ciudad.
Corri hacia ella, desesperado lanze una bola de fuego, pero esta choco sin provocar daño sobre las rocas de hielo es su espalda, el vapor envolvio la parte superior de la maquina, prepare un segundo ataque, pero un fulgor a mi alrededor me detuvo en seco.
La trampa, la misma que habia preparado, ahora se activaba contra mi, apenas logre crear una barrera magica a mi alrededor, mientras que el torbellino de fuego crecia hacia el cielo. Vi a travez de las llama a la maquina, los ojos brillantes posados en mi, fue en ese momento cuando comprendi que no solo es una maquina, es algo mas que solo circuitos e inteligencia artificial, comprende la magia hasta el grado de poder usarla mediante los medios adecuados.
Sentia el abrazo de la llama sobre me piel, la barrera se hacia mas delgada, la mana que circulaba se negaba a obedecerme, a dejar ser conducida, no habia escape, solo me prepare para soportal el daño que recibiria.
El bosque entero rugia al ser devorado, uni mi voz en su dolor cuando la barrera se disolvio, las llamas abrasaron mi cuerpo de inmediato, consumiendome en el fuego, pude ver una gran sombra acercarse a mi, como un tronco oscuro y enorme que arrasaba con todo a su paso, se acercaba sin control aparente hacia mi, las llamas lo envolvieron, pero no detuvieron su velocidad, apretando los colmillos, y tensando mi cuerpo, deje que el impacto de esta masa, me proyectara hacia atras con tanta fuerza que sali del circulo de fuego salvandome de ser consumido por la furia de la mana.
Me levante despacio, mi cuerpo estaba gravemente quemado, ademas de las costillas y pierna rota, no podia captar ningun sonido, habia perdido el sentido del oido, dejando solo el eco de las llamas en mi cabeza.
El hechizo habia terminado, dejando un gran crater de ceniza, pero era el olor el verdadero terror de este panorama, el bsoque habia sufrido un daño enorme, avanze lentamente, apoyandome en lo creia un tronco de un arbol caido, pero el tacto liso e hirviente de su superficie me hizo perder el equilibrio y caer de costado. Frente a mi estaba el brazo gigantesco de la maquina, fue este mismo el que me saco del fuego salvando mi vida, y ahora estaba inerte y arrancado de su cuerpo.
Mas alla del circulo de ceniza estaba la colosal maquina, herida finalmente, sus ojos brillando con iridiscencia se concentraban en una pequeña figura sobre la copa de un arbol.
Ahi con su brazo en alto, habia una mujer, joven casi adolescente pero donde sus ojos reflejaban serenidad, la espada maestra, mi hija Dana.