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Entre el cielo y el abismo, cronicas de dos dragones

20
Jul
2009

Primera saga; Maky & Andy (1)

by Eduardo Larrinaga F.

Un murmullo lejano, inentendible pero de claro significado. Una voz de la pesadilla desvaneciente mientras despertaba. Un miedo que se disipaba conforme despertaba, una sonrisa que auyentaba todo mal.

Baje de la cama aun pensando en la pesadilla que me habia perseguido la noche anterior, solo recordaba los ojos dorados y brillantes que me acechaban. El suelo estaba frio, habia llovido mucho durante la noche, mis padres no estaban dentro de la casa, busque mi abrigo, entre al cuarto de mi madre recordando que habia dejado mis zapatos bajo su cama la noche anterior, el brillo de la armadura de mi padre me deslumbro al entrar, despacio me acerque a ella, mis dedos rozaron el mango de la espada que colgaba en su funda, senti el calor emanando del metal, pense en mi padre usandola para defender a mi madre y el reino, en aquellas increibles aventuras que vivio antes de que nacieramos .

Al salir una espesa neblina lo cubria todo, las colinas  y la ciudad en el valle desaparecieron tras el velo blanco que cubria lo montaña donde viviamos. Camine despacio, sintiendo el pasto bajo mis pies resbaladizo, avanzo con precaucion pensando en el barranco proximo a la casa y la ocasion en que jugando perdi el equilibrio y cai por el. De no haber estado proteguida por la magia de mi padre de seguro hubiera muerto. Tuve suerte de que fuera mi padre el que nos reprendiera, él era mas blando con nosotros, siempre comprensivo con nuestras travesuras, pero tambien muy exigente en nuestros estudios, en el entrenamiento diario que teniamos despues de desayunar y en la meditacion para asimilar los nuevos conociemiento.

Me acerque a la pileta, donde caia agua alimienta por un arroyo que descendia de la cima de la montaña, el agua estaba helada pero reconfortante, limpia y pura, muy diferente a la que llegaba a tomar cuando mis padres nos llevaban a la ciudad capital, incluso el agua que nos daban en el palacio no tenia el salvaje sabor natural del agua de la montaña.

Vi una figura entrar en la casa, era la de un adulto, el jarron que llevaba en las manos cayo al pasto derramando el agua helada sobre mis dedos.

Ojos dorados.

 





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