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Entre el cielo y el abismo, cronicas de dos dragones

01
Jul
2009

Un murmullo lejano (2)

by Eduardo Larrinaga F.

Esta vez no hubo sueños, despertó tranquilamente acurrucada bajo el árbol roca, sus brazos envolvían sus piernas apretándolas fuertemente contra el pecho, un cosquilleo recorrió su espina propagándose por los nervios en la totalidad de su cuerpo, contenta por esta sensación trató de mover sus miembros, pero aún no le respondían, no hubo desesperanza esta vez, la sensibilidad le auguraba una respuesta. El hambre desgarro sus entrañas, su presencia la obligo a moverse, a recorrer nuevamente el penoso camino donde el líquido vital manaba.

Guiándose por las trampas en la tierra, y buscando en ellas alguna presa (sin éxito) llegó hasta donde el murmullo del agua nacía, la firmeza de la tierra fue rápidamente devorada por el lodazal que ahora trataba de engullirla, las marcas por ella habían desaparecido, ahora su única guía dentro de la oscuridad ilimitada era el sonido del liquido al romperse contra las rocas, finalmente sus dedos adoloridos por el esfuerzo tocaron el helado elixir de vida.

Tomó dos grandes sorbos que enfriaron aún más sus entrañas, el peligro de sufrir una convulsión y no tener magia para prevenirlo, no fue una prioridad al tomar el tercer y cuarto trago, pero el peligro de hundirse la obligo nuevamente a retirarse, al llegar a tierra firme continuaba tiritando, trató de cavar para cubrirse, pero su fuerza se había agotado, frotó sus manos contra su pecho para poder recuperar un poco de calor, el sueño se apodero de ella y poco a poco su conciencia se fundió con su memoria.

Un suspiro invocado por la más profunda de las penas embelleció su rostro, se alejo del cristal que reflejaba su imagen y cruzó la habitación oscura donde se encontraba, sus pasos resonaban en el suelo como si cualquier otro sonido ajeno a ella fuese una aberración, se detuvo frente a la única estructura de aquella habitación, un trono de orialcón, brillante y rojo como el fulgor de los soles, se sentó despacio sintiendo en sus palmas los relieves que adornaban lo brazos de figuras prohibidas y palabras aborrecidas por mortales y dioses, Su espalda sintió el frío del mineral atravesar sus delgadas ropa, en la parte más alta coronando la sima había una cabeza de dragón tallada por manos expertas que habían perpetuado en el material una rabia espectacular, pero también la expresión de una terrible angustia.

Un movimiento al otro extremo de la habitación reclamo su atención, era ella misma reflejándose en el espejo de hace un momento, sus ojos profundos brillaban en tonos azules, su piel era nívea perdiéndose en el vestido que llevaba, su cabello rojizo como la sangre enmarcaba una belleza humana que ensombrecería a cualquier elfo, la imagen se quebró en dos con un crujido, la superficie continuo desmoronándose hasta desprenderse en miles de fragmentos que permanecieron flotando girando levemente sobre si mismos, desvió la mirada hasta posarse en las alturas, la ausencia de un techo en la cámara le brindaba el cobijo del universo, millones de estrellas inmersas en la contemplación de la vida le parecieron brindarle unos segundos de atención fue cuando se detuvieron, el universo entero frenó su ciclo natural para observarla y estremecerse ante la naciente oscuridad que nacía en la palma de este ángel en un trono de sangre.

La locura germinaba de su cuerpo, la oscuridad la absorbía lentamente, trato de gritar pero su voz no existía en aquel lugar, la negrura la envolvía cuando lo vio… aquel ojo cristalino desenvolviéndose su interior la contemplaba, desvelando los secretos de eones atrás, se sumergió en el pánico, la tiniebla la devoro y se extendió al infinito

El sonido de una gota al romperse la despertó, una honda tristeza llenó su corazón, su alma y cuerpo lloraban amargamente, sus recuerdos la acechaban ahora, quería callarlos pero el sonido de las espadas chocando entre si, las batallas que se llevaron en su nombre, la matanza y el genocidio, los millares de vidas desaparecer en un solo suspiro por sus propias manos, la desesperación la agobiaba, Lloró mucho tiempo sin percatarse del peligro que se acercaba.





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