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Entre el cielo y el abismo, cronicas de dos dragones

01
Jul
2009

1. El comienzo. (Dama Blanca 1)

by Quiahui

La oscuridad de la noche se señia  en el bosque con un exceso de frío, regresaba de la casa con una hermosa cervatilla y algunas plumas para adornar sus arco; cuando en un accidente se rompio la pierna. Pensando en que no hiba a poder llegar a casa se topo con ella la Dama Blanca.

Temeroso de que lo viera;  la vio rodeada de luciernagas, hadas y aves nocturnas, ella brillaba; traia puesta su característica túnica blanca que apenas se diferenciaba del color de su piel, su cabello tenia un leve fulgor azulado, lo que le daba vida eras sus ojos verdes esmeraldas, tan profundos como si conocieran miles de años y secretos.

Habia escuchado los rumores que se decian de ella, los que la defendian principalmente eran los comerciantes, ya que decian que nunca regateaban y siempre era amable; las madres escondian a sus hijos de ella porque decian que podia quitarles la vida con solo verlos; pero Vendatil  noto que sus movimientos lentos y finos, asi como aquella mirada dulce y pacifica que no representaba mal alguno.

-Te encuentras bien amigo mio?- de pronto la escucho, ella lo habia visto sin siquiera quitar la vista del ave que le cantaba apasionadamente.

- Yo… claro, lamento molestarla; me iré de inmediato - dijo con toda la calma que pudo.

- No creo que puedas con esa pierna rota- se volvio para mirarlo y los animales callaron. Vendatil tuvo miedo. - No creeras que puedo arrancar la vida con solo mirar a la gente ¿verdad?; vamos te ayudare a levantarte; mi casa queda cerca de aqui. - con pasos lentos camino hacia el como si flotara. Se resistió, pero algo en sus sonrisa al ofrecerle la mano que lo tranquilizó y se fue con ella, seguda por la pequeña corte que antes cantaba a su alrededor.

La  casa se veia como una choza vieja, medio derruida; nadie en su sano juicio podria vivir ahi. Al entrar se quedo asombrado, dentro tenia muchas cosas: libros, espadas, collares; miles de objetos todos acomodados con tanto cuidado y limpios, no habia ni una pequeña particula de polvo, se notaba que eran tesoros de esa dama.  El exterior contrastaba muy fuertemente con el interior, pues este podia compararse con un pequeño palacio.

Lo sento en un sillon y levanto su pierna, asi mismo se agacho para quitarle la bata y examinarsela.

-Señora mia, no haga eso… no se moleste, ugh…- la Dama habia encontrado el punto roto y lo habia acomodado en su lugar.

-Disculpa que no te haya avisado, pero es mejor asi..- fue por un bote a una alacena- huele esto, te quitara el dolor.- con reservas Vendatil dio un pequeño respiro. - Vamos, hazlo bien. No es veneno si es lo que piensas.- Volvio a aspirar esta vez con mayor fuerza. - Eso es, ahora debo inmovilizarte  la pierna.- Tapo el bote poniendolo nuevamente en su lugar;  fue por unos vendajes y unas tablillas a un baul.

La dama empezo a entablillar la pierna con una notoria agilidad que solo podia adquirirse debido a la experiencia; en poco tiempo estuvo listo. -Creo que al menos por hoy no deberias moverte, mañana podria ayudarte a llegar a tu casa.-

- Mi nombre es Vendatil - se presento cortesmente. - Vendatl Alfidio de Guere - hizo una reverencia.

- Mucho gusto Vendatil, veo que eres de una buena familia.- Se sento frente a el y le ofrecio un té. - Es hora de cenar, ¿no te parece?-

Acepto el té y la observo fijamente mientras ella bebia. Sus orejas eran parecidas a las suyas, pero a diferencia tenia una apertura en la parte más larga, parecidas a unos cuernos; también vio que en su cara se veian pequeños destellos bajo sus ojos de un color apernas azulado pues su blancura era casi total.

- ¿Te gusto el té? - El no habia bebido ni una gota y al verse descubierto tomo un sorbo rápido, el sabor le produjo muchisima tranquilidad quitandole todos los nervios de hace un momento.

- Si… ¿de que planta está hecho?- mientras daba otro sorbo.

- Son varias infusiones, casi todas viven en este bosque.- Tomo un panecillo y le ofrecio uno.

- Disculpe… ¿Cómo es que se llama usted?-

- No tienes porque hablarme de usted, no me agrada demasiado… ¿Cómo me nombran en la villa? ¿Dama Blanca? - el apenas afirmo - Bueno, puedes llamarme asi, en realidad un nombre no tiene mucha importancia.

Vendatil callo, el creia que los nombres siempre eran para reconocer cosas, animales o personas. ¡Claro que tenian importancia! Si no fuese asi como se sabria pedir cosas y también a  reconocerlas.

- Veras Vendatil, he tenido tantos nombres por muchisimas razones diferentes que ahora mismo no importa ya.- Sorbio un poco más de té.

Como era que ella sabia lo que estaba pensando, era acaso que leía la mente; entonces ¿en realidad era una hechicera? Quizá lo mejor seria marcharse de ahi, para que no ocurriese nada malo… pero, seguramente ella intentaria retenerlo ahi; puesto que ya sabia lo que estaba pensando; ¿cómo iba a salir de esa casa? Bebio otro sorbo de té y se tranquilizo un poco… si lo hubiese querido matar no le hubiera curado la pierna.

- Todas estas cosas cosas, ¿dónde las consiguió?-

La Dama dio un pequeño sorbo, puso el plato y la taza sobre la mesita que tenian a un lado y lo miro expectante. Quiza se habia equivocado, tal vez hubiera sido mejor no preguntar.

- Te dije que no me hablaras de usted-

- ¿Dónde las conseguiste?

-Asi esta mucho mejor. - sonrio la Dama y ese simple gesto ilumino la estancia.- Son recuerdos, son cosas que usaba o que tienen un significado valioso en mi larga existencia.- Volvio a tomar su taza y bebio de ella.

Esas palabras lo llenaban de curiosidad; ¿acaso era una vagabunda? o acaso alguien que se dedicaba a miles de oficias… o mejor aún: ¿cuántos años tenia esa mujer?

-Sabes, estoy próximo a cumplir 200 años.

La Dama apenas quito la vista de la taza de té. - La mayoria de edad para los elfos ¿verdad?, tu padre debe estar orgulloso de qeu su hijo sea alguien de provecho y con un prospero futuro. - lo miro fijamente, esa mirada lo obligo a decirle la verdad como si la conociera de toda la vida.

Vendatil rió. - Eso lo dirás de broma, soy el peor de todos mis hermanos; apenas hoy consigo una caza perfecta y me rompo la pierna. A mi hermano Felder nunca le habria pasado eso… y hubiera cazado un ciervo - bajo la mirada.

- ¿Cuál es la diferencia? Un ciervo no es mejor presa que una cervatilla, de hecho en algunas razas se teme más a las feminas que a los machos. - termino su té  y coloco la taza sobre la mesita.

- ¿En verdad? Yo no conozco ninguna raza en la que tenga que temerles a ellas.-

La Dama suspiro - Creo que es normal que no la conozcas, es mejor asi.

- Pero por favor, dime Dama Blanca: ¿porque en esa raza les temen?

Solo sonrió, lo que era una clara respuesta de que era un secreto que no pensaba revelar, por lo que decidio no preguntar nada mas.

-Estaras comodo aqui - fue por unas mantas. - Aun las noches no son muy frias asi que no creo que tengas problemas.- Vendatil solo asintio mientras las tomaba.

-Ten buena noche- dijo la Dama mientras se retiraba a otro aposento.

Vendatil se quedo mirando un rato hacia donde habia desaparecido, después volvio su mirada al fuego y la danza paulativa lo ayudo a conciliar el sueño.

Al otro día tomaron por desayuno un poco de pan, frutas de los bosques y una bebida que aunque tenia un sabor amargo también llenaba de energia.

Ella lo observo por vez primera detenidamente, noto que sus rasgos eran delicados como todos los de ruza los tenian; su cabello era negro azabache y los ojos tenian un leve tono cobrizo, sin embargo aun con la juventud refulgiendo en su mirada tenian cierta serenidad natural.

- Tienes una mirada serena, se parece a la de alguien que conoci hace mucho tiempo. -

El la miro sorprendido con un pedazo de pan en la mano y otro grande en la boca lo que provoco que la Dama hechara a reir.

- Claro que sigues siendo un niño, vamos termina de desayunar para llevarte a tu casa.-





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